Los Conjurados

Mucho se ha escrito ya al respecto de que estar insatisfecho parece ser el rasgo característico de este animal que piensa y al que llamamos “ser humano”. Una vez alcanzado el objeto de su deseo al instante se devalúa y se ve reemplazado por uno nuevo distante y alejado. Somos entonces un animal que nunca está conforme y que siempre está buscando algo de facto inalcanzable. En nuestros días, y considerando el entorno social que nos ha tocado, resulta fácil estar insatisfecho y dedicarse a pensar un entorno mejor y más apropiado, un lugar en el que las cosas funcionen como debería ser, o por lo menos no tan mal como están funcionando.

Los Conjurados es una colección literaria que se ha dedicado a recoger en sus libros el fruto de esta reflexión que plantea la posibilidad de un mundo mejor. Es dirigida por el poeta Gonzalo Márquez Cristo y en la actualidad cuenta con más o menos 47 títulos publicados que se distribuyen en cinco países de nuestro continente. Poesía, cuento, ensayo y testimonio son los géneros que hasta el momento han publicado y el norte común a todos estos trabajos –como cuenta Gonzalo en la video-entrevista- es el ejercicio del pensamiento, el intento por tratar un tema de manera, si no original por lo menos responsable. Libros que pretenden sumarse a esta ya larga tarea humana de generar conocimiento.

No en vano la colección toma su nombre del poema de Borges que es acaso el que mejor puede definir y dar una idea de lo que se pretende lograr con ella. Los dejo pues con el texto y los invito a ver la nota de esta semana que nos salió de 6 minutos y un segundito suelto:

Los Conjurados

En el centro de Europa están conspirando.
El hecho data de 1291.
Se trata de hombres de diversas estirpes, que profesan diversas religiones
y que hablan en diversos idiomas.
Han tomado la extraña resolución de ser razonables.
Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades.
Fueron soldados de la Confederación y después mercenarios, porque eran
pobres y tenían el hábito de la guerra y no ignoraban que todas las empresas
del hombre son igualmente vanas.
Fueron Winkelried, que se clava en el pecho las lanzas enemigas para que sus camaradas avancen.
Son un cirujano, un pastor o un procurador, pero también son Paracelso y Amiel y Jung y Paul Klee.
En el centro de Europa, en las tierras altas de Europa, crece una torre de razón y de firme fe.
Los cantones ahora son veintidós. El de Ginebra, el último, es una de mis patrias.
Mañana serán todo el planeta.
Acaso lo que digo no es verdadero; ojalá sea profético.

Jorge Luis Borges, Los Conjurados
Alianza Editorial, Madrid 1985

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